martes, junio 11, 2013

Si tú no vuelves

En los audífonos un violín y la voz de Bosé llenan el silencio de la tarde. Los dedos recorren el teclado, solo cuatro de ellos porque nunca aprendí a usar los diez para esos menesteres. Empiezo a seguir con más atención la letra que estaba cantando mecánicamente después de haberla oído tantas veces: “y cada noche vendrá una estrella a hacerme compañía, que te cuente cómo estoy y sepas lo que hay...”. Porque no, acá ya no ha vuelto estrella alguna y está bien porque estoy segura de que ya ni te preguntás cómo estoy, yo tampoco me detengo a preguntarme esas cosas. Debo admitir que en una temporada fui tierra yerma por tu ausencia, después de vos no quedaron más que plantas rodantes en mi corazón, tan vacío estaba. Pero si después de algunos inviernos volvió a crecer la hierba por donde pasaron las huestes de Atila, era de esperarse que mis territorios también se calmaran y florecieran de nuevo. Dejé de llover y de beber la lluvia de mi tristeza.
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