Estándares

Ya sé que el estándar lo fijo yo, que no soy lo lista o lo tonta que me creo a veces. Ya sé que no estoy tan gorda como me imagino, que no soy lo agria que me creo. Ya sé que sentirme sola es una cuestión de actitud y que si sonrío para la foto salgo mejor. Quizás lo que pasa hoy es que extraño a Joe, el hombre, porque era de mañana y me topé con Joe, el fantasma. Ya sé que él no me diría que estoy linda o que se la pasó muy bien conmigo. No me vería a los ojos ni me diría que su día estuvo completo porque estuve cerca. Ya sé que yo no admitiría que me hizo reír y que hasta la construcción de árboles en base a esquemas binarios me resulta un tema fascinante si lo discuto con él. Ya sé que Joe, el hombre, está lejos y que hay demasiadas posibilidades de que haga reír a otra, que le enseñe qué es un fuera de lugar a otra. Esa certeza me trae a Joe, el fantasma, que seguro se enamoró de ella, que es más lista o para el caso menos tonta que yo, más flaca, más linda, más sonriente, más simple.

Un día de estos Joe, el hombre, debería admitir que me extraña y que le da rabia pensar en ese que podría ir conmigo al cine los lunes por la noche y decirme que estoy linda y hacerme reír.

Ya sé que soy yo la que se complica la vida pensando pendejadas. Lo admito mi querido Joe, te extraño.

A dos pasos del paraíso

Comparto un cuentecillo que no cupo en una antología, pero que cabe acá. Acepto comentarios y críticas.


Salú

A dos pasos del paraíso

Por Adelaida Loukota

Giró la llave y bombeó gasolina. El carro tosió, ahogado. Dejó el intento, soltó el pedal y se quedó quieto, con la vista fija al frente. Había una calle, una hilera de casas con rejas en las ventanas, un camión de la basura en sentido contrario. Hoy no, por favor hoy no, pensó. Arranca por favor. Giró de nuevo la llave, bombeó gasolina de forma intermitente, casi arranca. Ese casi lo serenó por un momento, quizás si intentara una vez más. Sabía que no lograría mucho si se bajaba a revisar el motor. Sin embargo, abrió el capó, se paró frente a su Toyota Corolla 82 y le pasó revista a todas las mangueras y cables que pudieran ser la causa del desperfecto. Incluso revisó los cables de la batería. Nada evidente. Seguro de que su carro sólo era temperamental, se subió y lo intentó de nuevo. Con delicadeza giró la llave y bombeó gasolina. Nada más que un estertor terrible.

Exploró sus posibilidades, irse en bus, llamar a Juancho para que pasara por él, pedir un taxi. Lo del bus lo descartó de inmediato porque era un acto suicida. Iba de traje, lo que lo convertía en víctima natural para cualquier asaltante. Además, llevaba la computadora portátil para la presentación que tenía que hacer y debía transbordar tres veces. Jamás llegaría a tiempo. Descartó el taxi porque no tenía dinero suficiente. Sólo le quedaba Juancho, su eterno cómplice en el trabajo. Lo llamó pero no le contestó porque había salido de madrugada en una comisión para revisar unas antenas en el interior de la república y no tenía señal.

Josué decidió intentarlo una última vez antes de perder toda esperanza. Giró la llave y, casi como un milagro, el carro arrancó. Una sonrisa iluminó su cara mientras metía primera y partía, por fin. Le esperaba un día importante en la oficina, de la presentación que le hiciera a sus jefes dependía el bono y el viaje para dos a Cancún. Pensaba llevarse a Catalina para celebrar que llevaban tres años de novios.

un poco de veneno o sólo necesito contarlo para entenderlo

Creo que el primero fue Manolo. Estábamos en el colegio y habíamos sido novios unos meses. Era el tiempo pre facebook, pre teléfonos móviles, así que las comunicaciones se limitaban al teléfono y a vernos en los recreos o después de clases. Él se graduó ese fin de año, pero aún teníamos algo. Lo vi por última vez un día antes de su cumpleaños, que por azares del destino es 14 de febrero, y simplemente no me habló, después deeso desaparecer fue tan sencillo como dejar de contestar el teléfono y no aparecer en los lugares obvios. Lo encontré muchos años después y creo que nunca hablamos de por qué terminó así conmigo, con la vieja técnica de la desaparición.


Cuando estaba en la universidad y finalmente logré que Juan Pablo fuera mi novio de verdad, llamé un 24 de diciembre su casa para preguntar si lo iba a ver esa noche y sólo me dijeron que estaba de luna de miel. Supongo que una de mis preguntas, además de ¿QUÉ? fue ¿por qué no terminaste conmigo por las buenas? ¿Por qué simplemente usaste el silencio y la distancia para dar todo por terminado? ¿Era tan poco importante como para que me dijeras algo como mirá tengo que terminar con vos porque me voy a casar?

Me ha pasado otras veces, ahora que estoy un poco más curada de espantos, pero aún me duele esa forma de no dejar las cosas claras. No quiero hacer una lista exhaustiva de individuos que de un día para el otro sólo dejaron de contestar el teléfono e ignoraron correos y mensajes. Me pregunto por qué no pueden ser directos y avisarle a uno que ya no están interesados en dirigirle la palabra. Si hasta hace un par de días querían salir contigo, ¿por qué no te dicen que ya no? He estado haciendo un examen de consciencia en los últimos días para saber si alguna vez le he hecho eso a alguien y no recuerdo un sólo caso (por lo regular la ignorada soy yo) así que si alguna vez lo hice, lo siento.

Para mí las palabras son muy importantes, odio esa forma de ser tacaño con ellas. Para mí cerrar ciclos es vital, odio esa forma de terminar una relación sin decirlo. Esas arenas del pasado se revolvieron porque la semana pasada alguien simplemente dejó de contestar y me hizo preguntarme de nuevo si no merezco una explicación, un cierre digno.

de pronto llueve

Entré a ver el chick flick porque el tipo de la taquilla me dijo que la de terror no valía la pena, que mejor no hiciera el intento. Al final no me quedé a ver los créditos, ni se me ocurrió llamarte para verte un rato.


Hace muchos años el cine es uno de mis lugares favoritos y trato de ir por lo menos una vez a la semana. Recuerdo las veces que fui con mi papá cuando era niña y una vez que mi tía dejó dicho en la casa que me alistara en la tarde porque iríamos a ver una película. Me llevó al cine del centro comercial de Molino de las Flores y vimos la de unos tipos que secuestran a la hija de uno de ellos porque la recogieron los de servicios sociales y no le daban la custodia, o algo así. El caso es que el papá se disfraza de mujer y el otro tipo se hace pasar por su esposo y disfrazan a la niña de niño. Seguro era una comedia. Arturo, mi primer novio, me llevó a ese mismo cine y no nos dejaron entrar porque llevábamos a mi hermana pequeña y la película erstaba clasificada para mayores de 15 años.

Cuando estaba en la universidad tratábamos de ir todos los miércoles con la gente del muro. Con Juan Pablo iba los sábados por la tarde y alguna vez nos tocó esperar a que se juntara más gente para que proyectaran cualquier cosa en una sala del cine de Villa Nueva. Todavía recuerdo las aventuras animadas de ayer y hoy con el Chino en los Magic Place, el esterno de Star Wars.

Sí, el cine siempre ha tenido algo de mágico para mí y me gusta compartirlo con personas que lo sienten así también. Alguna vez fui sola al cine de los Próceres y recuerdo con pesar que no pude ver La leyenda de 1900 en los Prisa porque la función era muy tarde y sólo duró una semana en cartelera.

Anoche sentí que la película era demasiado larga y sólo sé que cuando salí, de pronto llovió. Yo esperaba que no lloviera más, pero así son las cosas en el trópico. Te diré que tampoco lloré por no verte, por no saber de vos, yo que esperaba hacer más escándalo por perderte.

Entre vos y yo (variación segunda)

Probablemente sólo


"Estoy tratando de decirte que
me desespero de esperarte
que no salgo a buscarte porque sé
que corro el riesgo de encontrarte
que me sigo mordiendo noche y día
las uñas del rencor
que te sigo debiendo todavía
una canción de amor."

Pero es martes y no te veré. Vos sabés que me gustaría que me acompañaras al cine y me tomaras de la mano y me dijeras que no importan todas las promesas de amor que no cumplimos hasta hoy. Vos sabés que no te voy a llamar, que no te voy a pedir que estés donde no podés, donde no querés estar. Aunque no lo logré ayer, hoy seguiré fiel a mi ritual del cine en solitario. Es posible que me decida por un chick flick, para salir llorando porque a mí no me tocan esas historias de amores cumplidos. Quizás deje de lado el masoquismo y elija una de terror, cualquier cosa que me permita dejar de pensar un rato. Dejar de pensar en vos, por supuesto. Vos sabés que mi vida sigue, más o menos igual que siempre, que me da rabia que el mundo no se acabe porque te pierdo, que el escándalo no sea mayor, pero ¿qué puedo hacer si ya entendí que no queda nada?

Adiós, amor. Buenas noches, que soñés cosas lindas.

Entre vos y yo (variación primera)

Desperté y lo tuve todo claro, amor, el nuestro es un problema de espacio.


Yo quiero tener un espacio en tus actos pero vos ya tenés llenos todos los espacios de tu vida. Irrumpir en tu mundo es forzar las cosas, es como querer escribir una novela en los márgenes de una libreta que ya no tiene renglones disponibles.

El asunto sería más simple si fuera un lío de amor o desamor, pero estamos lejos de ese tipo de pleitos. Supongo que tendré que aceptar que soy un personaje de otro cuento; alguien que de pronto pensó que era buena idea colarse en una historia que podía tener final feliz, sin considerar que la vida no le permite ese tipo de licencias poéticas.

Mi primer libro

Alguien en el mundo piensa en mí

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