lunes, otra vez

Llovió, quizás demasiado. Llevo horas en esta oficina con ganas de meterme bajo el escritorio y desparecer de una vez. La página en blanco me aplasta y supongo que sería mejor ponerme a llorar de una vez, o salir corriendo de una vez, o hacer alguna cosa de una vez. Me cansé de pensar en la sexta letra del alfabeto, me cansé de perseguir a Joe que se vuelve cada vez más esquivo, que está cada vez más lejos.



ella sabe

Al final del día (cuando todo se llena de ruido de grillos y el silencio invade la oficina donde se quedó sola porque todos se largaron mucho antes que ella) entiende que sueña con que él la espera abajo porque quisiera (desesperadamente) que él la quisiera. Sabe que ese no es el tipo de historias que le pasan a ella, que no es de las que despiertan esas pasiones. Sabe que le escribiría cartas de amor todos los días, que inventaría nombres para cada uno de sus sueños, que se largaría temprano porque él la esperaría abajo.

ella le dice

Quiero que mi voz te llegue como un murmullo, amor, que se mezcle con las notas de Chopin, con los ruidos de esa calle lejana donde no me esperás para que te alcance el sueño. Quiero que tu noche sea serena, que las pesadillas no te ronden, que duermas bien. Quiero que tus sueños sean dulces como mi certeza de que el mundo es un lugar mejor porque vos existís.

Mi primer libro

Alguien en el mundo piensa en mí

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