Cosas que uno hace

El río corre desde hace muchos años, lo que pasa es  que llegás y pensás  que ha estado esperando por conocerte, como si la primer mirada que le dedicás lo creara de la nada. Te caes de la balsa y todo se vuelve verde y frío, te volvés parte del río.


A veces hay que nadar un poco para llegar a una roca segura. A veces hay que dejarse llevar por la corriente. A veces hay que estar en el río y dejar de hacer alegorías sobre el camino y lo que uno deja pendiente.   

cosas que uno sueña

Anoche caminaste por las praderas de mi sueño. Yo estaba sola (como suelo estar), entre un montón de gente (como suelo estar) y vos te acercaste y me abrazaste. Entonces supe que el mundo puede ser un lugar mejor. Un día de estos, deberías llegar de verdad para que el mundo sea un lugar mejor, para que yo no esté sola, para que se congele el viento en el instante de nuestro beso, aunque después gire todo más de prisa. 

cosas que uno piensa

Lunes por la mañana. Me subo al carro, pongo música e inicio una nueva semana. Pienso en vos y tu maravillosa sonrisa. Alejandro Sanz aparece con la canción que siempre me hace pensar en Juan Pablo (él no sabe cuál es y acaso eso no importe) . Pienso en Juan Pablo, en el tiempo que ha pasado. Un chavo con un azadón al hombro y cara de desesperanza camina a un lado del camino, no contesta mi saludo. Pienso en un programa de radio en que estuvimos Juan Pablo y yo, en la pregunta que nos hicieron sobre poesía comprometida. Ese día leí un poema que hablaba de mujeres con olor a culantro, probablemente el único poema comprometido que admito que escribí alguna vez y que ahora no recuerdo. Pienso que perdí la libreta en la que estaba escrito ese poema. Seguro se cayó de mi bolsa uno de esos días en que iba a la universidad, no creo que alguien la robara. Pienso en los poemas perdidos, en las palabras que escribí y ya no importan. Pienso en la esperanza, en la poesía y en algunos otros abstractos. Pienso en que no le escribiré un poema al chavo del azadón, ni a la esperanza.

vos

Anoche conocí a un tipo del que podría, perfectamente, enamorarme. Tiene una sonrisa encantadora y es simpático. Apenas crucé con él un par de palabras, un par de miradas, pero supe que tiene algo que necesito, que es gentil, que podría enamorarme de él sin esfuerzo. Ahora que lo pienso, me gustó porque me recuerda a vos.

Sólo diré que mi abuela era lo máximo :)

Estoy triste, eso es definitivo. Sé que es el sentimiento que prevalece porque a uno no se le mueren las abuelas todos los días (por suerte uno sólo tiene que vivir ese asunto de vez en cuando) y cuando toca el día en que eso pasa, pues uno se pone triste y ya.


Sé que ayer que desperté y tenía que ir a la funeraria y luego al entierro, pensé que algo en el mundo era distinto, un poco más gris, un poco más vacío. Me invadió la certeza de esa ausencia irremediable. Con el paso del día pensé en su vida; en todo el legado de su vida en la mía y decidí que mi abuela era lo máximo. Me enseñó a hacer alfileteros, vestidos para mis muñecas, papel mashé y a sembrar flores en macetas. Tuvo un mapache de mascota además de gatos, conejos y perros enormes y lograba juntar a la familia para navidad y algunos domingos; no le gustaban las películas en inglés y siempre, siempre tenía dulces, chocolates y caramelos para compartir.

Alguna vez me dijo que no me casara con el primer calzonudo que se me atravesara por el camino y que era mejor que viviera con mi novio antes de caer en eso del matrimonio. Estaba orgullosa de sus hijos y sus nietos, de tener una familia grande. Amaba las plantas y contarnos historias de cuando era joven. Sí, la vi enojada más de una vez pero también la vi cocinar, la vi bordar un cuadro enorme que aún permanece en su sala. Creo que mi lado coleccionista viene en parte de ella, porque tenía una vitrina gigante llena de miniaturas y tenía cajas con pequeñas gavetas en las que uno podía encontrar un sinnúmero de tesoros.

Espero que esté bien, dondequiera que esté; me encantó conocerla, ser parte de su vida y que fuera parte de la mía.



-Hoy-

Es ingenuo de mi parte escribir que te extraño; así, literalmente. Pasa que hay días en que las palabras no dicen lo que yo quiero que digan. Llegan muy claras a mi mente y un minuto después me traicionan, quizás no les gusta que las haga nacer golpeando teclas. Hoy es uno de esos días en que extraño especialmente tus abrazos. Esa seguridad que proviene de tu calor, de tu olor, de saber que existís y estás ahí para reconfortarme.


Como todos los días pienso en escribirte una carta que sea larga y que te cuente todo lo que necesitás saber de quién soy ahora. Como todos los días pienso en irrumpir en tu vida y que me dejés quedarme. Sin embargo, ahora tengo cosas que hacer, libros que leer, clases que dar y no puedo parar el mundo un rato para contarte ese cuento que soy cuando no estás cerca.

Sí, te extraño.

Joe en la distancia

Supongo que cuando la luna está grande y redonda tengo más luz para imaginar que te encuentro. Supongo que la distancia que nos separa me permite la lucidez para recordar detalles como el largo de tus dedos, el olor detrás de tu oreja, el sabor de tus labios, la emoción de verte aparecer de pronto. Es lunes por la noche, supongo que te extraño.

Mi primer libro

Alguien en el mundo piensa en mí

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