Diner

Todavía es de noche pero la ciudad ya está despierta; la madrugada es una composición extraña de sueño interrumpido y día por iniciar. No veo más que las siluetas de algunos edificios y las luces rojas de los carros en la calle. Presumo que de hecho existe la calle, existen los edificios, la gente que se mueve temprano por el mundo. No amanece todavía, espero encontrar algún lugar que esté abierto y desayunar.


Me siento en una mesa con vista al bulevar e imagino estar en un cuadro de Hopper. La ventana me devuelve mi imagen ante ella y a la vez me permite imaginar que la calle afuera es otra. Veo mi bandeja y el recipiente de duroport que contiene unos huevos revueltos que seguramente no son huevos de verdad, una salsa de tomate que no es de tomate de verdad, una crema que no es crema de verdad. Levanto la vista y de pronto ya es de día. No puedo escaparme al diner del cuadro, a la calle de Nueva York donde me gustaría estar. Una luz violeta lo cubre todo, lo aclara.

Supongo que si viviera en algún lugar más civilizado podría desayunar en un diner en que la comida fuera buena. De hecho, no tendría que salir de mi casa tres horas antes para evitarme el tráfico mañanero. Le pongo azúcar al café con leche (que tampoco es café de verdad) y me decido a esperar cinco minutos antes de entrar al caos que es ahora esa calle en la que las luces de halógeno ya se apagaron del todo.

post San Valentín

Tengo un beso guardado en el corazón

cuando pienso en vos
se acelera (el beso)
quiere escaparse
me hace cosquillas en la panza
me deja un sabor dulce en la boca

quiere llegar a donde estás
multiplicarse en tus labios
colmarte

llueve en un lunes de febrero

Es lunes, es febrero, me levanté tarde y llegué relativamente tarde a la oficina, asunto que no importa porque me voy a ir tarde de acá. Mi ventana está nublada por fuera y tengo ganas de tomar café. Aparte de eso, tengo ganas de verte, de tomarme un rato libre y platicar con vos.


Hace días que vengo pensando en mi exceso de adjetivos y en mi carencia de metáforas; pero eso no le importa al árbol de aguacate en el jardín, que está lleno de flores de aguacate que en algún momento se convertirán en aguacates que caerán y no nos dejarán almorzar en esa parte del jardín.


La poeta

Es temprano en la mañana de un sábado como cualquier sábado. La poeta se levanta relativamente temprano, desayuna y procede a limpiar la casa. Su madre no toleraría que su primer tarea del día no sea limpiar la casa, así que lecturas y televisión han de esperar para después. Cuando está barriendo las gradas frente a su casa la poeta se pregunta por qué barrer no le inspira pensamientos sublimes, por qué sus mejores ideas nacen cuando lava los platos. Concluye que puede ser por el contacto con el agua, ya que barrer es tan mecánico como lavar platos pero incluye sol y polvo volando por todos lados.


La poeta se detiene un momento para reflexionar, sostiene la escoba con una mano y con la otra se quita el mechón de pelo que le cae sobre la frente. Hace mucho tiempo alguien le dijo que esas manos que escribían poesía, tarde o temprano estarían cambiando pañales, que la poesía no siempre es glamour, que la vida no siempre sale como la pensamos. La poeta hace que sus manos (que no cambian pañales aún) retomen la tarea cotidiana de barrer y piensa que no, que la poesía es de todo menos glamour.


Mi primer libro

Alguien en el mundo piensa en mí

Archivo caótico cotidiano

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