jueves, febrero 25, 2010

Diner

Todavía es de noche pero la ciudad ya está despierta; la madrugada es una composición extraña de sueño interrumpido y día por iniciar. No veo más que las siluetas de algunos edificios y las luces rojas de los carros en la calle. Presumo que de hecho existe la calle, existen los edificios, la gente que se mueve temprano por el mundo. No amanece todavía, espero encontrar algún lugar que esté abierto y desayunar.

Me siento en una mesa con vista al bulevar e imagino estar en un cuadro de Hopper. La ventana me devuelve mi imagen ante ella y a la vez me permite imaginar que la calle afuera es otra. Veo mi bandeja y el recipiente de duroport que contiene unos huevos revueltos que seguramente no son huevos de verdad, una salsa de tomate que no es de tomate de verdad, una crema que no es crema de verdad. Levanto la vista y de pronto ya es de día. No puedo escaparme al diner del cuadro, a la calle de Nueva York donde me gustaría estar. Una luz violeta lo cubre todo, lo aclara.

Supongo que si viviera en algún lugar más civilizado podría desayunar en un diner en que la comida fuera buena. De hecho, no tendría que salir de mi casa tres horas antes para evitarme el tráfico mañanero. Le pongo azúcar al café con leche (que tampoco es café de verdad) y me decido a esperar cinco minutos antes de entrar al caos que es ahora esa calle en la que las luces de halógeno ya se apagaron del todo.
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2 comentarios:

Juan Pablo Dardón dijo...

Utilicé esa misma imagen para un texto que no era texto de verdad. A mí me da tristeza por la tarde cuando lo miro. Tristeza talvez por un tiempo que no conocí ni conoceré. Vaya postal.

Adelou dijo...

Hola Juan Pablo, de hecho ese cuadro me recuerda alguna conversación con vos, que tal vez no fue de verdad sino sólo una de esas imágenes aleatorias que me pasan de vez en cuando por la cabeza. Que estés bien :)