los colores de la tarde

Salgo a comprar una galleta para pasar la tarde, son más de las seis. Cuando vuelvo a mi oficina atravieso el jardín y, de pronto, veo que la grama está verde, muy verde. El viento sopla y me hace detenerme un momento. El cielo está gris, muy gris. Sin embargo, el verde de la grama no es un sólo tipo de verde y el gris del cielo no es un sólo tipo de gris. Continúo mi camino de vuelta al escritorio y la computadora. Dentro de la oficina es imposible saber cuánto viento hay afuera, acá el viento no me toca. Una canción que me gusta suena desde algún punto en internet y levantó la vista para dejarla entrar totalmente a mi cabeza. La ventana me regala un cielo negro ahora y, de pronto, un relámpago me muestra el cielo con una gama de colores inimaginada hasta este momento. Ya son casi las siete, empiezo a pensar en la posibilidad de salir al mundo o de brincar de la azotea o de volar para alcanzar un poco de la luz de un relámpago que dura demasiado poco.

cosas que uno espera

He estado leyendo El arte de amar, de Erich Fromm. Por supuesto, a estas alturas me he estado haciendo algunas preguntas, porque de hecho no sé si tengo sobrevalorado al amor, si ese buscar y no encontrar corresponde a que no estoy buscando lo que debería.


Si yo te contara, amor, que espero encontrarte, retenerte, enamorarte, perderte y, quizás, volver a empezar. Si yo te contara que realmente creo que deberías aparecer en forma de James Dean, con moto, chumpa de cuero y cigarro. Si te convenciera de que voy a seguir escribiendo cosas tristes, que me voy a quejar antes, después y durante tu presencia en mi vida, porque de algo me tengo que quejar, de algo tengo que hablarte en los ratos muertos en el tráfico, porque voy a poder hablar con vos en lugar de hablar sólo conmigo.

una vez más

Confesarte que anoche soñé con vos puede ser la mayor estupidez de mi día, pero qué le voy a hacer si estabas ahí. Por más que intento dejar de incluirte en mis sueños y en mis planes, por más que trato de sacarte a patadas de mi cabeza, aparecés como si nada, entrás por la pueta principal y te quedás. 


A veces me gustaría sacarte de mi cabeza así como te saqué de mis días, de mis conversaciones, de mis ratos de ocio. Me gustaría sacarte de mi cabeza así como pretendo que te saqué de mi vida.

mi pensamiento feliz

Cuando Peter Pan le explica a Wendy el mecanismo para volar, le dice que debe tener un pensamiento feliz para que sus pies abandonen el suelo y sea capaz de elevarse por los aires (yo sé que también se necesita polvo de hadas, pero dejemos los tecnisismos para después). 


Por la mañana venía en el carro y me asaltó un pensamiento feliz (de hecho, vos eras mi pensamiento feliz). Te imaginé buscando libros, concentrado en el anaquel y de pronto te volteabas y me sonreías y tu sonrisa me hacía sonreír, me llenaba de luz. Sólo entonces comprendí cómo un pensamiento puede hacernos volar; hacernos olvidar el tráfico y lo nefasto del mundo.

contame

¿En quién pensás, amor, cuando es de noche, se pasó el día entero y el azar de tus pasos no te llevó a cruzarte por mi camino sólo para enterarte que tus tardes se llenan con una sonrisa mía?


¿Cómo solucionás mi ausencia en tus asuntos? ¿Cómo podes sobrevivir sin mí? 

Quizás si me ayudás con eso podría dejar de buscarte en mis días y mis noches.

perder-te

Yo soy de ese tipo de gente que siempre pierde las llaves. Una vez perdidas las llaves no me queda más que perder el tiempo buscándolas. Hoy por la mañana las perdí, una vez más; luego perdí veinte minutos buscándolas en los lugares más inverosímiles, hasta que me di por vencida y me fui con esa sensación de haber dejado algo a medias. 


Llevaba algún rato en el carro cuando recordé que la última vez que las tuve en mis manos fue cuando se las presté a mi hermana hace un par de días y que ella no me las devolvió, por lo menos resolví el misterio y dejé de pensar en duendes ladrones y ese tipo de justificaciones que uno busca cuando ya no tiene remedio o algo mejor en qué pensar. 

A veces, sólo a veces, también pierdo la esperanza. Una vez perdida la esperanza no me queda más que abrir la ventana para que entre un poco de aire y el oxígeno nuevo me recuerde que hay más de un camino para llegar a Roma, que todos los caminos conducen a Roma. Después me tomo un café y pienso que vendrán nuevos días, nuevas historias, así la esperanza resurge como un ave fenix medio achicharrada y medio cliché, pero esperanza al fin.

decir-te

Hay días que tienen tardes largas y pesadas. Hoy es martes y el calor se hace presente en cada lugar, en cada pensamiento a pesar de que amaneció lloviendo. Hace un rato creí que te había encontrado; ahora entiendo que te presentí como otro efecto secundario del calor, con espejismos y todo. Si hubieras sido cierto hay cosas que te habría dicho porque los mensajes a veces vienen en forma de chocolate, porque es posible que Willy Wonka no sea una simple casualidad.

Busco un lugar un poco más fresco y me guardo de seguir pensando en vos.

Despertar-te

Buenos días, amor, hace un rato pensaba en vos ¿sabés? Me preguntaba dónde carajos habrás amanecido y si tu noche habrá sido buena. Yo dormí bien, como suelo dormir bien cuando el día ha sido largo y cansado. Desperté temprano pero me levanté después de que el despertador sonó tres veces, porque hay costumbres más fuertes que mis ganas de saltar al mundo por la mañana.


Espero que tu día empiece bien, que dondequiera que estés la música sea buena, el clima agradable y el café fresco y caliente. 

Mi primer libro

Alguien en el mundo piensa en mí

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