lunes, septiembre 01, 2008

de viajes

Hace unos días vinieron de visita unos primos a los que tenía muchos años de no ver. Su visita fue hermosa. No sólo porque es agradable toparse con gente que entiende tus chistes y tus anécdotas de infancia, porque comparten algo de esa intrincada genética que te hace insoportable, sino porque te recuerdan de alguna manera quien sos.

Ellos revivieron mi viejo anhelo de viajar. No explicaré cómo ni porqué, las razones están de más cuando uno piensa en que hay algo que debería haber hecho hace mucho y no ha podido por cualquier excusa pendeja que se les ocurra.

El caso es que quiero irme de esta ciudad. Encontrar puertas, encontrar nuevas banquetas para caminar y caminar. He estado pensando en las posibilidades (y aunque uno de mis peros sea del orden económico) empezaré a divagar hasta que logre subirme al avión, al bus, al carro o me decida a largarme a pie.

Creo que el primer lugar al que iría, en orden de ir acoplando recuerdos con perspectivas de futuro, es a Oaxaca. Ahí me comería una torta con quesillo y me tomaría una foto en el parque, claro, como que ya fuera para la contraportada de mi libro.

Luego caminaría algunos días por el D.F., porque sería bueno volver a caminar frente a Bellas Artes, volver a perderme en el metro.
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2 comentarios:

El ultimo De Paz dijo...

Humm, durante muchas noches y muchas madrugadas he pensado mucho acerca del tema viajar. Cuando leo a Guipi me asaltan muchos sueños no realizados. Ahora que mi hija, 14 años, sueña con viajar a conocer lugares muy remotos, yo me conformaría con viajar a San Lucas a tomarme un atolito de elote. Es que la tiranía de los precios de los combustibles me tienen encerrado.

Adelou dijo...

Mi querido último de paz, a veces es más fácil dar el primer paso (o la primer rodada) anímese una tarde de éstas.

Ahora bien, su hija ya dio el primer paso en sus viajes, porque está leyendo mucho. Ya solo falta que un día de estos se anime también.

Abrazos