martes, agosto 12, 2008

caminos

Vivo una hermosa relación de amor odio conmigo misma, similar a mi hermosa relación de amor odio con la carretera, a esa forma de adorar el camino pero odiar el tráfico; similar a esa maravillosa forma de creerme todas mis mentiras, de buscarte en todos lados.

El fin de semana me largué con unos amigos a un pueblito perdido en medio de la nada. Manejé muchos kilómetros y encontré partes de mí misma entre cada puente que atravesamos de ida y vuelta. A veces uno descubre que hay árboles hermosos que se quedan al lado del camino para despedirte y decirte que ojalá vuelvas a pasar algún día por ahí. A veces uno descubre que la carretera es eterna y te llevaría al fin del mundo si así lo quisieras.
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2 comentarios:

Telescopiados dijo...

Hola vos, cuál fue el pueblito al que te escapaste?
Bueno, siempre pasa que odiamos el tráfico, como en aquel cuento de Cortázar.
La libertad es saber cuando bajarse.
Siempre te leo y te monitoreo.
Abrazos.

Adelou dijo...

Hola patojillo, ¿cómo te va todo?

Me escapé a Pasac, en Nahualá. Una hermosa montaña, con un hermoso río, cerca, una hermosa cascada. Uno hasta cree que el mundo es un buen lugar en esos casos.

Abrazos por millones para vos también.