miércoles, mayo 28, 2008

Poemas para Joe o variaciones de un beso

Joe tiene los dedos largos. Cuando camina a mi lado pone la mano en mi nuca y enreda los dedos en mi pelo o acaricia suavemente mi cuello.

El otro día vino a buscarme para que fuéramos por el café de las tres, mientras caminábamos por el jardín me dijo que no fuera boba, que no era importante recordar exactamente nuestro primer beso, que no fue el mejor.

Me dijo que había sido una tarde de esas en que me cuenta historias. Me dijo que me metí tanto en el relato que en el momento en que el príncipe besa a la princesa para despertarla del hechizo de la bruja, se había acercado a mí y había rozado mis labios. Yo le dije que eso pasó en Los pilares de la tierra, que de ninguna manera había sido nuestro primer beso.

Entonces ya sé cuál fue, dijo, caminábamos del parqueo al cine en Miraflores y me detuve y te detuve y te besé. No, le dije, ése no fue el primero.

Llegamos al edificio donde está el café, llegamos a la puerta del elevador, entramos y subimos cuatro pisos. En ese momento Joe sonrío y me besó suavemente. Me abrazó y me dijo al oído que todo estaba bien, que comprendía mi nostalgia, mis ganas de asir todos los recuerdos posibles para que no brinquen al mundo y se pierdan.

Nuestro primer beso fue de despedida, dijo, estábamos en el parqueo de Miraflores la tarde en que nos conocimos y al despedirnos nos besamos en los labios como esas viejas parejas que han estado juntas media vida. Seguro no lo recordás porque fue un gesto simple y natural, como la certeza de biendormir cuando he estado con vos toda la tarde.

Salimos del elevador y supe que todo estará bien, que mis días son mejores cuando Joe está cerca.
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