un pájaro bobo

Mi corazón es un pájaro bobo que se aturde cuando hay mucho ruido. Vuela despavorido cuando algo lo sorprende, pero se queda quieto y dormido al calor de un abrazo en particular. Es tan dramático que cae en la nieve y agoniza de frío, aun cuando vive en un país tropical donde las heladas son más bien anomalías de febrero. Es un pajarraco que plantea disparates, que sabe que siempre puede volar más lejos.

Aparece y desaparece

Se sube al carro dispuesta a terminar de escuchar el libro que ha traído y llevado durante días y días, por caminos de ida y vuelta. Cuando enciende el radio truena “karma chameleon” y es incapaz de quitarla hasta que, varios kilómetros después, el club de la cultura termina su interpretación. Ha venido pensando en que “karma is a bitch... only if you are”, y no está segura si ahora podrá seguir con el libro, si logrará ponerle atención a la historia de ese señor que le parece tan interesante. A pesar de que le parece tan interesante. Porque su mente ya se desvió por sendas que la llevan lejos del embotellamiento en que se metió por salir tarde. Quizás cantar en voz alta aliviaría la incertidumbre, repasar las declinaciones del dativo de rosa, sumar las placas de los carros rojos que van adelante, cualquier tren de pensamiento que le quite de la cabeza la idea de que las cosas le pasan porque no hace lo suficiente, porque no es suficiente. Hay días en que la música debería corresponder a un estado mental distinto, hay días en que toda la gente debería quedarse en su casa para que ella pudiera llegar a tiempo. Si alguna de las placas sumara 14 podría pensar en algún cuento de Borges y partir por una de sus infinitas puertas, cosa que es imposible porque al final tendría que sumar el uno y el cuatro, y no logra llegar muy lejos pensando en cuentos que tengan que ver con el 5. Se le termina el camino y solo tiene esa metáfora del karma y el camino como el continuo donde uno cosecha justo lo que sembró, espera que el regreso sea más productivo, espera terminar el libro y ya.

Historias en tercera persona IV

Se pregunta qué pasaría si cambiara la periodicidad con que se corta las uñas de los pies. Se niega a contarle que tenía los ojos rojos, porque suele pasarle, que no puede disimular las súbitas ganas de llorar que atacan a cierta hora de la tarde. Se detiene en el verso de una canción y decide si es un mensaje del universo o no. Toma café. Toma agua, si le ofrecen agua. Toma vino, si le ofrecen vino. Le pone palabras, intenta ponerle palabras, a todo lo que sintió cuando terminó de leer el libro, a todas las ideas que no sabe cómo verbalizar. Intenta parecer normal. Camina todo lo que puede, pero no siempre consigue llegar a donde quería llegar. Se pregunta qué pasaría si hiciera esa llamada que ha estado postergando todo este tiempo. Se pregunta qué pasaría si le pusiera palabras a todo lo que sintió después de las ganas de llorar. Le sube volumen a la radio, después de todo, quizás sí es un mensaje del universo. Rastrea el sonido de su voz en sus recuerdos. Encripta y decodifica mensajes ocultos en los gestos que acompañaron la conversación. Duda. Acelera el paso. Se detiene un momento después. Recuerda un poema que escribió hace mucho tiempo. Tiene frío. Se pregunta qué pasaría si apareciera.

Historias en tercera persona III

La tarde está soleada y tranquila. Hay pocos carros en la calle, casi todo se mueve, menos él que no se va. Está semidesnudo y se baña, con evidente satisfacción, en una fuente del arriate central. Lleva el agua a su cabeza, ríe. Cuando lo ve ella descubre que no es capaz de contar historias felices, quizás porque la alegría te deja sin palabras, porque es difícil ponerle adjetivos a los momentos felices del mundo. Lo mira un momento más y sigue su camino. Piensa que si supiera dibujar haría un cuadro lleno de luz del sol en que el que él fuera el protagonista, porque si se decide a contar su historia la convertirá en algo más sombrío, lleno de nostalgia. Guarda la imagen del joven de la fuente junto a otros momentos que lleva en su mochila hace años, que recordará aunque aparentemente no sea importante.

Historias en tercera persona II

Ella sabe que no es buena compañía, de serlo, él la habría llamado para que salieran de nuevo. Entiende cada una de las razones por las qué se ha ido quedando sola, cómo llegó a convertirse en ese ser incapaz de sostener una charla liviana y cómo la abruman las ideas densas con las que no quiere aburrir a los pocos que se acercan. Comprende el peso de sus opiniones y el conflicto armado entre sus voces internas. Una sola vez logró hacer las preguntas correctas, aunque tampoco le valió de mucho. Tiene toda clase de historias para llenar los silencios, si no fuera porque ama los silencios.

Historias en tercera persona I

Ella no tiene ganas de escribir. Supone que eso se debe a que, últimamente, ha visto a demasiada gente llorando en la calle. No sabe si antes no se percataba de las personas a su alrededor o si ahora hay alguna especie de epidemia que contagia a los transeúntes con un llanto incontrolable, pero que no les impide seguir caminando. Ella ha llorado muchas veces cuando va manejando, en especial cuando está cansada y es de noche y ha llovido y no entiende bien a bien por qué el mundo es como es y por qué a ella la ataca ese desconsuelo que se manifiesta como ese llanto fluido, sin mayores escándalos e hipos. Ella no puede evitar imaginarse las historias terribles que deben esconderse detrás del llanto de esas personas. Una mujer joven seguro lloraba porque acababa de dejar al hijito en la guardería y podía, por fin, sacar todo el llanto que había estado guardando para que él no la viera así. A ella le gusta coleccionar imágenes que tienen que ver con las esquinas de las cosas, minutos intrascendentes que la hacen olvidar momentos importantes, quizás terribles, de los días pasados.

El principio de las historias en tercera persona

La carretera sigue siendo la misma. Tiene la misma cantidad de kilómetros que hace unos años, los mismos puntos de referencia, quizás tenga más construcciones a lo largo, sea más ancha, tenga más caminos secundarios que se desprenden de ella, pero eso en realidad no importa porque en esencia sigue teniendo la misma distancia que recorrer de ida y vuelta. Mi camino no ha cambiado, sigo llegando al mismo lugar que supongo mi hogar, creo que tampoco cambió la música residente en mi carro. Quizás quien cambió fui yo. Hace tiempo me di cuenta que la voz en mi cabeza no deja de urgirme para que escriba historias en tercera persona; pero dejó de pedirme historias sobre vos, quizás porque el tiempo y la distancia acumulada de ir y venir por la misma ruta hicieron efecto y dejé de querer estar enamorada de esa idea que eras vos. La carretera sigue con sus perros y gatos atropellados, con sus acumulaciones de agua, con la gente que no termina de encontrarse, con camiones que la recorren como bestias enormes, conmigo.

una especie de flashback

A estas alturas de la vida no recuerdo si vi el final de Candy, sí sé que descubre que en realidad el tío abuelo William era Albert; también sé que no me la perdía, que cantaba la cancioncita del inicio y del final y supongo que sufría horrores con el drama. Hay un capítulo en que ella regresa al Hogar de Pony después de la muerte de Anthony, va subiendo a la colina y hablando con él (con su recuerdo) y le va enseñando todo lo que el canchito ya no pudo ver. Hoy venía manejando y después de virar arbitrariamente a la izquierda en una rotonda, empecé a subir la cuesta frente al Intecap, en la zona 4 y pensé que alguna vez podría contarle a alguien que ayudé al Homa a hacer la maqueta de su proyecto de graduación, que esa maqueta era un proyecto en ese terreno que queda en una colina y, bueno, me sentí un poco Candy con una voz en la cabeza que representa la nostalgia por el tiempo que fue. A veces le hago caso a ese narrador que habita en mi cerebro y que todo el tiempo me está dictando historias. A veces escucho esa voz que me habla de los días que se fueron, que me hace darme cuenta de lo autorefencial que soy. Sé que un día de estos vamos a ir juntos y te voy a contar historias que hablan de mí, que te van a dejar conocer quién era yo en ese tiempo en que no me conocías.

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