Si esto fuera una de esas metáforas del camino, seguramente yo estaría sentada sobre una piedra viendo cómo pasa la vida. Quizás tendría en mis manos un poco de tiempo para reflexionar y llegaría a ciertas conclusiones peligrosas sobre el amor, el olvido y otros pequeños enredos cotidianos. Con un poco de suerte sonaría una música suave al fondo y no tendría frío. Encontraría las palabras exactas para decirte lo que siento y vos te tomarías dos segundos para oírme y decirme que todo estará bien. Sin embargo, estoy en una oficina donde pega de lleno el sol a esta hora de la tarde y tengo mucho por leer como para estar pensando en vos y en todo lo que no te cuento.


Manejo
voy sola en el carro y hablo todo el tiempo.

Me hago preguntas con respuestas diversas
intento cuartear el silencio con palabras.

Hasta hace treinta segundos tenía muy claro todo lo que quería decirte; porque lo he repetido en innumerables monólogos. Pero ahora estoy acá, tan lejos de vos, tan en silencio en esta oficina, que me avergüenza un poco quitarte el tiempo para que sepás que te extraño.



Todo se resume en la espera, en los días que pasan y en el sol que me hace desvariar un poco. Todo se resume en dos palabras: te extraño.
  • Supongo que es medio poético que este fulano blog se niegue a ponerle la fecha a mis entradas. También supongo que Fabrizio tiene razón y que si yo me topara con que vos te volviste razonable el mundo se acabaría (mucho antes del 2012). Finalmente, supongo que si un día de estos yo me volviera razonable, dejaría de pensarte en voz alta, amor, y eso sería un desastre.
  • Es mediodía y una chica se pone metafísica acerca del pedazo de pizza que sostiene en la mano derecha y que luego se lleva a la boca para cerrar la discusión. Yo paso al lado del grupo que discute sobre las propiedades y bondades de tal o cual pizza y pienso en mis propias pláticas trascendentales. Supongo que necesito vino para completar la idea.
  • Hace unos días exploré la posibilidad de no necesitarte más. Me desperté y no fuiste lo primero que vino a mi mente, de hecho, tuve que buscarte tiempo después en medio del caos de mis pensamientos matutinos. Pasé el día triste porque me pareció devastadora la idea de concebir un mundo en el que yo no necesitara que aparecieras en cualquier esquina. Un par de días después estaba buscando unos libros en mi librera y me topé con un libro del poeta que alguna vez me hizo llorar. Entonces comprendí que no es cierto, que te necesito todo el tiempo, que si alguien me dijo alguna vez que creía en mí como en la poesía, yo creo en vos porque sos toda mi poesía.
Cuando me subo al carro y lo enciendo, me quedo treinta segundos escuchando el motor, en parte lo hago para saber si todo está bien, en parte para ordenar mi cabeza e iniciar la marcha. Luego enciendo el radio y busco algo decente que oír o pongo el mismo disco, con las mismas canciones que oigo una y otra vez.

Me pasa a veces que me quedó con el ruido del motor en la cabeza, me olvido del radio y despierto después de varios kilómetros de marcha. Hoy por la mañana cerré los pensamientos al salir de la casa y reaccioné hasta que vi a un tipo muy lindo con un gorro amarillo en un carro al lado del mío. Siempre me da algo de esperanza ver a un tipo muy lindo con un gorro que le tapa los colochos, que a final de cuentas, se asoman en la nuca.

De ahí en adelante pensé en cosas lindas y me llené de nostalgia; pensé en que tengo mucho tiempo de no desayunar helado de vainilla, en que tengo mucho tiempo de no platicar largo y tendido con algunos amigos, en que tengo ganas de verte, porque sos de las cosas lindas que le pasan a mis días.
¿Hace cuánto no besás a alguien toda la noche? ¿Hace cuánto no besás a alguien hasta que te duelen los labios y parece que no podes besar más, pero seguís?

Te descubro como una sombra que se me escapa entre los dedos. Tu recuerdo se funde con una nube que insinúa lluvia y comprendo que te tengo tan lejos; que tengo tantas y tantas ganas de verte. Si el mundo fuera un lugar razonable, comprendería los signos que me llevan a pensar en vos en estas tardes. Si vos fueras una persona razonable, aparecerías para llevarme al cine y hacerme sentir que el mundo es un lugar donde, a fin de cuentas, es lindo vivir. Si yo fuera una persona razonable, te encontraría y te llevaría al cine y te besaría toda la noche, hasta que me dolieran los labios.

Me gustaría decirte, frente a frente, que ha sido interesante este juego de fantasmas donde no dejamos que el otro nos encuentre. Me gustaría que lloviera un poco, caminar un poco, abrazarte el resto del tiempo y hacerte sentir bien.

Hoy ha llovido de todas formas, bueno, de muchas formas. Hace rato había una brisita de esas que parece que uno anda metido en una nube. Ahora llueve más recio, como queriendo desquitar todo lo que no ha llovido en el año. El verde de las plantas en la jardinera que está afuera de mi ventana tienen está muy encendido, como si tuviera una luz interna, ¿será que las plantas se ponen felices cuando llueve? el resto del mundo sólo está gris y lleno de agua. En el edificio de enfrente un policía mira llover; de este lado yo lo veo sin que él se entere. Creo que mejor voy por un café para no ponerme metafísica.
Son las 4:27 p.m. Adam Levine me canta una canción que fue de Sinatra. El sol que hace unos minutos me quemaba las piernas desapareció. El cielo decidió cubrirse con todas las nubes que encontró. Tengo millones de correos que mandar y no encuentro las palabras. No sé si quiero llorar o si tengo irritados los ojos por la pantalla de la compu, así que cierro los ojos y me recuesto en el respaldo de la silla, los abro y encuentro el cielo raso de mi oficina. Podría asegurar que la temperatura bajó un par de grados. En este preciso momento daría mi reino porque estuvieras afuera de esa ventana, por una sencilla siesta con vos. Me pregunto si de verdad va a llover ahora mismo, si es justo convertirte en una quimera.