martes, enero 17, 2017

Una historia de Copi y Paste

Hay historias que uno puede contar sin decir una sola palabra, este corto es un hermoso ejemplo de ello. Cuando lo vi ayer pensé muchas cosas que podría decir sobre él, relacionarlo con otras historias y metáforas, hablar sobre la mochila que llevamos a la espalda todos los días, sea la de lecturas que recordamos y amamos o la de recuerdos, buenos y malos, que no queremos dejar ir.
Después pensé que todo aquel que tenga hijos, sobrinos, nietos, ahijados, conocidos, alumnos, papás, tíos, abuelos, padrinos, conocidos, profesores, debería verlo y compartirlo.
Al final, decidí que también debería verlo todo aquel que pase largas horas del día haciendo el trabajo que le permitirá pagar la renta, no debe olvidar que siempre puede volver al lugar feliz en que la música, literatura, el arte en general nos recuerda que la imaginación es el camino para sobrevivir. Lo dejo acá, no quiero arruinarlo más con comentarios que podrían resultar redundantes, obvios, aburridos.
Alike short film from psl on Vimeo.
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martes, enero 10, 2017

Voglio andare a casa

No recuerdo cuál fue el último libro que leí completo, no sé si era de cuentos o una novela, seguro no fue un libro de poesía porque son pocos los que he leído de principio a fin, aunque no necesariamente en orden. Sé que la última película que me dejó con ganas de haberla escrito yo fue la de Walter Mitty, salí del cine con la certeza de que alguna vez yo debería ser capaz de contar una historia que se vea así, por si eso tiene algún sentido. Días después escuché a alguien leyendo el cuento de James Thurber "La vida secreta de Walter Mitty" que salió publicado en el New Yorker y seguí pensando en que alguna vez quiero escribir algo así. El último ilustrador cuyo trabajo vi por primera vez hace poco fue Cory Godbey y por eso uno de sus dibujos ilustra este texto. Sé que hay ciclos que se abren y otros que se cierran y por eso estoy de vuelta en este blog, que contiene muchos de mis ciclos. Contiene etapas muy tristes, quizás no haya alguna verdaderamente feliz y eso me da un poco de vergüenza. Sé que estoy pensando en las cosas que hice por última vez porque de pronto recuerdo la última vez que le dije a mi papá que lo quería. Porque hay cosas así, hay últimos libros que leímos hasta que leemos uno más, últimas películas que vimos hasta que vemos una más y todo depende de nosotros de que querramos leer algo nuevo o ir al cine un sábado por la tarde, hay últimas veces que dijimos algo hasta que definitivamente es la última vez no porque decidamos no decirlas de nuevo, sino porque a quien se las decíamos no puede escucharnos más. He pensado mucho en él y hoy fue la primera vez que hablé de su muerte sin ponerme a llorar como una boba, no porque el tiempo todo lo cure, sino porque hice un gran esfuerzo para no pensar en lo mucho que lo extraño y en cambio pensar en lo que le gustaba y lo hacía feliz.
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martes, agosto 12, 2014

Todo mundo tiene algo que decir

Ayer por la tarde el mundo se enteró de que Robin Williams había muerto, los titulares hablaban de suicidio, de la pérdida de uno de los grandes del cine. Yo no le puse demasiada atención a la noticia, no salí corriendo a poner mis condolencias o a hacer comentarios en las redes sociales, pensé que era una pena que alguien con tanto talento se sintiera tan desesperadamente solo y no quisiera continuar con su vida. Hoy por la mañana me topé con comentarios que van desde que el suicidio es un hecho deleznable y nadie debería conmoverse porque alguien se suicidó, hasta los lamentos por la muerte del actor o los reclamos porque a la gente le duele la muerte del actor y no la situación de violencia en que vivimos y la gente que se muere acá por montones. A mí no me interesa discutir la moralidad del suicidio o los motivos que pueden llevar a un hombre a terminar con su vida. Solo sé que hoy por la mañana sentí una enorme nostalgia porque ese hombre ya no va a estar, él al que he visto toda mi vida en la pantalla, en papeles divertidos, ridículos, poéticos, serios; ese hombre cuya carrera duró poco más de lo que ha durado mi vida hasta hoy, será de ahora en adelante la certeza de su ausencia en mi mundo. Nunca lo conocí en persona, nunca me hizo falta hablarle, no sé nada de su vida personal, sé que era parte de mi imaginario, de esos momentos que nos construyen como personas cuando nos dejamos envolver por una historia, por el carisma de un personje. Sé que no lo voy a ver en una conferencia o haciendo algún nuevo chiste. Ahora es parte del pasado. Gracias por todo Robin.
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miércoles, julio 23, 2014

Te desencadena el recuerdo

Cuando era pequeña acompañaba a mi mamá a todos lados. Andábamos en camioneta porque ella nunca aprendió a manejar, caminábamos mucho y siempre teníamos prisa porque los buses para mi casa dejaban de salir temprano en la noche y no podíamos perder el último. Una vez perdí un zapato al tratar de subirnos por la puerta de atrás a un bus prácticamente en movimiento, yo había insistido en que no me compraran zapatos de trabita, sino zapatillas. Regresamos por el zapato y perdimo el bus. Tuvimos que quedarnos a dormir en la casa de una tía. Mi mamá estaba embarazada de mi hermana menor. En esa época ella cosía, era ese tiempo en que no había muchas tiendas de ropa, no se diga pacas o ventas de coreanos. Las señoras miraban los modelos en revistas y ella se los confeccionaba; a veces, hacía camisas para una tienda de ropa para niños. Íbamos las tiendas de telas, las vendedoras ya la conocían y se ponía a platicar con ellas. Recuerdo que siempre me gustaron esos rollos enormes de tela, los colores, los dibujitos, las texturas. Hace rato salí a comprar galletas y pasé por una esquina donde acaban de abrir una tienda de telas. No entré al local, estaba parada esperando a que el semáforo cambiara para atravesar la calle, cuando sentí el olor de la tela. Eso desencadenó un sentimiento primero, luego una serie de recuerdos. Yo suelo pensar en palabras, en imágenes, es curioso darme cuenta que también recuerdo en olores.
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viernes, marzo 21, 2014

un pájaro bobo

Mi corazón es un pájaro bobo que se aturde cuando hay mucho ruido. Vuela despavorido cuando algo lo sorprende, pero se queda quieto y dormido al calor de un abrazo en particular. Es tan dramático que cae en la nieve y agoniza de frío, aun cuando vive en un país tropical donde las heladas son más bien anomalías de febrero. Es un pajarraco que plantea disparates, que sabe que siempre puede volar más lejos.
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miércoles, marzo 19, 2014

Aparece y desaparece

Se sube al carro dispuesta a terminar de escuchar el libro que ha traído y llevado durante días y días, por caminos de ida y vuelta. Cuando enciende el radio truena “karma chameleon” y es incapaz de quitarla hasta que, varios kilómetros después, el club de la cultura termina su interpretación. Ha venido pensando en que “karma is a bitch... only if you are”, y no está segura si ahora podrá seguir con el libro, si logrará ponerle atención a la historia de ese señor que le parece tan interesante. A pesar de que le parece tan interesante. Porque su mente ya se desvió por sendas que la llevan lejos del embotellamiento en que se metió por salir tarde. Quizás cantar en voz alta aliviaría la incertidumbre, repasar las declinaciones del dativo de rosa, sumar las placas de los carros rojos que van adelante, cualquier tren de pensamiento que le quite de la cabeza la idea de que las cosas le pasan porque no hace lo suficiente, porque no es suficiente. Hay días en que la música debería corresponder a un estado mental distinto, hay días en que toda la gente debería quedarse en su casa para que ella pudiera llegar a tiempo. Si alguna de las placas sumara 14 podría pensar en algún cuento de Borges y partir por una de sus infinitas puertas, cosa que es imposible porque al final tendría que sumar el uno y el cuatro, y no logra llegar muy lejos pensando en cuentos que tengan que ver con el 5. Se le termina el camino y solo tiene esa metáfora del karma y el camino como el continuo donde uno cosecha justo lo que sembró, espera que el regreso sea más productivo, espera terminar el libro y ya.
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miércoles, noviembre 06, 2013

Historias en tercera persona IV

Se pregunta qué pasaría si cambiara la periodicidad con que se corta las uñas de los pies. Se niega a contarle que tenía los ojos rojos, porque suele pasarle, que no puede disimular las súbitas ganas de llorar que atacan a cierta hora de la tarde. Se detiene en el verso de una canción y decide si es un mensaje del universo o no. Toma café. Toma agua, si le ofrecen agua. Toma vino, si le ofrecen vino. Le pone palabras, intenta ponerle palabras, a todo lo que sintió cuando terminó de leer el libro, a todas las ideas que no sabe cómo verbalizar. Intenta parecer normal. Camina todo lo que puede, pero no siempre consigue llegar a donde quería llegar. Se pregunta qué pasaría si hiciera esa llamada que ha estado postergando todo este tiempo. Se pregunta qué pasaría si le pusiera palabras a todo lo que sintió después de las ganas de llorar. Le sube volumen a la radio, después de todo, quizás sí es un mensaje del universo. Rastrea el sonido de su voz en sus recuerdos. Encripta y decodifica mensajes ocultos en los gestos que acompañaron la conversación. Duda. Acelera el paso. Se detiene un momento después. Recuerda un poema que escribió hace mucho tiempo. Tiene frío. Se pregunta qué pasaría si apareciera.
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lunes, noviembre 04, 2013

Historias en tercera persona III

La tarde está soleada y tranquila. Hay pocos carros en la calle, casi todo se mueve, menos él que no se va. Está semidesnudo y se baña, con evidente satisfacción, en una fuente del arriate central. Lleva el agua a su cabeza, ríe. Cuando lo ve ella descubre que no es capaz de contar historias felices, quizás porque la alegría te deja sin palabras, porque es difícil ponerle adjetivos a los momentos felices del mundo. Lo mira un momento más y sigue su camino. Piensa que si supiera dibujar haría un cuadro lleno de luz del sol en que el que él fuera el protagonista, porque si se decide a contar su historia la convertirá en algo más sombrío, lleno de nostalgia. Guarda la imagen del joven de la fuente junto a otros momentos que lleva en su mochila hace años, que recordará aunque aparentemente no sea importante.
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